Comprender quiénes somos como sociedad exige trascender las definiciones rígidas de la «identidad» y fijar la mirada en lo que el historiador Elías Pino Iturrieta denomina la sensibilidad colectiva o historia de las mentalidades. Frente a la tendencia de reducir la cultura popular a la mera manifestación folclórica o exterior, las claves del ser venezolano se encuentran en la forma cotidiana en que todos los sectores sociales —históricamente y en conjunto— responden ante la vida, la muerte, el poder, la fe, la moda y las dificultades del entorno.
De los clichés conceptuales a la sensibilidad cotidiana
El estudio de lo venezolano suele caer en la trampa de buscar una identidad fija o asumir el mito de que somos una nación «joven» o sin cimientos profundos. Sin embargo, la verdadera memoria de un pueblo no reside únicamente en los grandes documentos oficiales, sino en las huellas de la vida diaria: cartas privadas, libros de cuentas domésticas, pleitos judiciales y expresiones de la cultura popular tradicional. Estas fuentes revelan que la cultura es una prisión de largo plazo donde los comportamientos y actitudes del presente se conectan de manera directa con las respuestas elaboradas por nuestros antepasados.
El peso del pasado y las continuidades culturales
Reconocer las conductas heredadas permite entender las contradicciones de la sociedad contemporánea. Formas de relacionarse, prejuicios sociales o patrones de convivencia que aún persisten no son fenómenos recientes, sino ecos de la estructura colonial y del siglo XIX. Comprender que la historia venezolana está atravesada por raíces ancestrales, aportes mestizos y una rica tradición intelectual desmonta las visiones eurocéntricas y devuelve la dignidad a la trayectoria cultural del país.
La ética del trabajo como cimiento histórico
Antes de la irrupción de la economía petrolera y el espejismo de la abundancia, la sociedad venezolana se moldeó en la estrechez, la austeridad y el esfuerzo agrícola del campo. Las grandes y pequeñas economías familiares del pasado no brotaron del azar, sino de la disciplina y el trabajo constante con la tierra. Rescatar la memoria de esa ética del trabajo no representa un ejercicio de nostalgia, sino una plataforma fundamental para comprender las fortalezas históricas del venezolano y afrontar los desafíos del presente.
Extracto y síntesis de la entrevista a Elías Pino Iturrieta realizada por Milagros Socorro, publicada en la Revista Bigott, edición N° 25 (1993)








